Sin “barril criollo” Neuquén perderá $1.600 millones

petroleros trabajando

Ecuador, el “socio pobre” de la OPEP, cerró esta semana su presupuesto para el 2016 con un barril de petróleo calculado en 35 dólares. Trinidad y Tobago, Venezuela e Irán lo estimaron entre 40 y 45 dólares. México, Rusia y Noruega lo esperan, algo más optimistas, alrededor de los 50. El estado de Alaska y las proyecciones de la brasileña Petrobras rebosan de fe y lo ven por arriba de los 65 dólares.

Pero la provincia petrolera de Neuquén, territorio del desarrollo no convencional más importante del mundo fuera de América del Norte, rompió todos los esquemas: pronosticó un barril a 77 dólares. No se trata de una profecía, sino de una expectativa política: el gobierno cree que en el 2016 se mantendrá el crudo incentivado en el mercado interno. Es el famoso “barril criollo”, aquel que acordaron empresas, provincias y el gobierno nacional y que tiene una fecha de vencimiento tácita en diciembre, con el cambio de gobierno.

Maniobra arriesgada o no, este petróleo inflado permitió que las cuentas provinciales se acomoden, aun con un déficit alto. Si los precios internos se empalmaran con los internacionales, como claman algunas voces de la “ortodoxia” energética, Neuquén perdería (tomando la cotización del Brent de ayer y sin contar el “extra canon”) casi 1.600 millones de pesos en regalías en el próximo año. Es el equivalente a un mes de salarios y aportes de los 54.000 empleados estatales de la provincia.

Pero ponerle un punto final a este barril podría tener consecuencias mucho más drásticas para la economía neuquina. En principio, implicaría cerrar el grifo en Vaca Muerta, que apenas es rentable con un petróleo a 77 dólares. Inclusive hay quienes creen que ni siquiera con este valor tiene sentido seguir con la actividad.

Perder la producción no convencional de crudo implicaría una caída anual progresiva de unos 10.000 barriles día. Sumados a los 18.000 barriles día que la provincia pronostica que se agregarán a la producción neuquina en 2016 –todos ellos, claro está, no convencionales–, la cuenta llega a 28.000.

El número no parece decir demasiado hasta que se le pone un precio: para cubrir ese cupo de crudo que pudo haber salido de sus entrañas, y en pesos, Argentina debería erogar cada día 1,4 millones de dólares. Son casi 500 millones al año, que se sumarían al incesante goteo que sufren las reservas del Banco Central, presionadas en estos días por la incertidumbre electoral.

El ejercicio teórico debería seguir por el incalculable impacto en la caída de la actividad y el empleo que implicaría, por ejemplo, que se bajen una veintena de equipos que hoy bucean en las profundidades de la roca madre neuquina.

Más allá de las disquisiciones sobre el precio del petróleo, el gobierno neuquino calculó un aumento en la producción de crudo que rondará el 18% en términos anuales (proyectando los números del 2015, que aún no terminó). El número surge sobre todo de los resultados de Loma Campana, el yacimiento que YPF opera junto Chevron, y que trabaja a toda máquina a pesar del escenario adverso a nivel internacional. Lo hace, claro, apuntalado por el barril criollo.

Hay otra variable central en este cálculo que podría trastocar los números. Es el tipo de cambio. Neuquén tomó los valores del presupuesto nacional, que lo ubican en promedio, para el 2016, en 10,6 pesos. Las presiones devaluatorias, sin embargo, también podrían darle aire a las cuentas de la provincia, que tiene más de un tercio de sus ingresos corrientes fijados en moneda verde. Así operó hasta el 2013, cuando la producción caía de forma dramática pero el dólar se revaluaba, permitiendo sostener, al menos en términos nominales, los ingresos por regalías.

Balotaje petrolero

La decisión de sostener el barril criollo depende en buena medida del gobierno nacional y, por lo tanto, estará atada a lo que pase en el balotaje del 22 de noviembre. De los dos candidatos en pugna, sólo Daniel Scioli se pronunció sobre el tema y dijo que seguirá promoviendo esta estrategia, aunque no se habló de precios.

En el encuentro que el bonaerense tuvo con los gobernadores petroleros en Neuquén se firmó un acta donde prometió establecer “un sendero de precios para el petróleo que se utiliza en el mercado interno, de manera tal de fortalecer una industria estratégica para el presente y el futuro de nuestro país”.

Semanas más tarde, también se comprometió a sostener el denominado plan gas y inclusive subir a cinco dólares la curva base de inyección, lo que implicaría duplicar el precio de boca de pozo, un reclamo histórico de la Provincia.

Del lado de Mauricio Macri sólo hubo algunas señales difusas, aunque también es cierto que la energía estuvo lejos de ser uno de los ejes centrales de la campaña –algo curioso, atento a que buena parte de la fuga de dólares se explica por la importación de hidrocarburos–.

El lunes, a pocas horas de haber obtenido un resultado alentador en primera vuelta, el principal asesor en temas petroleros del actual jefe de gobierno porteño, Juan José Aranguren, se mostró a favor de un barril incentivado, aunque tampoco habló del precio.

“Teniendo en cuenta la evolución de todas las variables, incluidos el tipo de cambio, nivel de actividad y productividad, creo que debería negociarse un nuevo acuerdo sectorial entre petroleros, provincias productoras y sindicatos, refrendado por resolución ministerial, para el período de transición en el que los precios internacionales se mantengan deprimidos; con el objetivo final de volvernos a acoplar al mundo cuando la situación se revierta”, explicó, según reseñó en un artículo El Inversor Online.

Lo cierto es que, en plena campaña, nadie quiere arriesgar demasiado. Sobre todo porque mantener un barril incentivado tiene un costo: los automovilistas argentinos deben pagar el combustible más alto de la región en dólares. Implica, además, una transferencia de renta de parte de los asalariados a las grandes operadoras petroleras.

En esa rara avis que es la economía argentina, el verdadero desafío es buscar un equilibrio.

 

Fuente: Diario Río Negro